Emmanuel Macron, sobre el coronavirus: «Estamos en guerra»

El presidente francés restringe los desplazamientos, anuncia un paquete de 300.000 millones, aplaza la segunda vuelta de las municipales y suspende la reforma de las pensiones

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«Estamos en guerra». Emmanuel Macron lo repitió siete veces. Luego anunció nuevas restricciones y un dineral en apoyo de las empresas. Pero lo esencial del segundo mensaje del presidente francés sobre el coronavirus fue transmitir a sus conciudadanos lo crítico del momento.

«Estamos en guerra. En guerra sanitaria, cierto. No luchamos contra otro ejército ni contra otra nación pero el enemigo está allí y avanza. Y esto requiere una movilización general y que todas las acciones del gobierno deben estar encaminadas a la lucha contra la epidemia, de día y de noche, y nada debe desviarnos de este objetivo».

Tono épico para arropar las medidas contra un enemigo invisible que está ganando la guerra contra los humanos. El último parte de guerra detalla 1200 nuevos contagios el lunes, lo que lleva la suma total a 6600 casos. Y 21 muertos más lo que eleva la cifra de víctimas mortales a 148.

También contra la primera víctima de todas las guerras: la verdad. Macron pidió a los franceses que se mantengan serenos y no den pábulo a bulos. Así el rumor de que el ejército iba a bloquear París se disolvió en la nada. El ejército desplegará un hospital de campaña en Alsacia, en el Este de Francia, donde los hospitales están desbordados. Además trasladará enfermos a zonas menos críticas.

El soldado de esta guerra es el personal sanitario. Si Clemenceau requisó en la Primera Guerra Mundial los taxis de París para trasladar soldados al frente que se hundía, Macron los va a poner a disposición de médicos y sanitarios. También hoteles para su descanso. Y máscaras, a recoger en las farmacias.

«Jamás Francia había tenido que tomar estas medidas en tiempo de paz», remató el presidente, en todas las radios y televisiones de Francia, desde el Elíseo, con corbata negra y traje azul, serio, severo, positivo en el final de su alocución de 19 minutos.

Macron restringe los movimientos de los franceses más aún. Sin embargo no llega a decretar el confinamiento, palabra que no mencionó. «Los desplazamientos serán reducidos por 15 días». Se podrá salir de casa para ir al trabajo, hacer la compra o ir al médico. «No será ya posible quedar con amigos o ir al parque». De hecho, el Ayuntamiento de París cerró ayer todos los parques de la capital. Y habrá multas. Afortunadamente se podrá salir de casa para hacer deporte. En solitario.

En este pasaje, Macron se puso el traje dialéctico del profesor tratando de convencer a sus ciudadanos de que salgan lo justo de casa y no hagan pandilla.

MEDIDAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS
Luego se enfundó el hábito político. Aplazadas la segunda vuelta de las elecciones municipales sin fecha. Como un torero que se refugia en el burladero, se tapó con el consejo de los científicos, favorable a la celebración de la primera vuelta y ahora, contrario a que los franceses vuelvan a las urnas.

Su primer ministro, Edouard Philippe, le había ofrecido en bandeja el acuerdo unánime de todos los partidos al aplazamiento.

En aras del consenso de la clase política, Macron puso cuidado en informar que se había reunido con los presidentes de ambas cámaras y entrevistado con sus dos predecesores inmediatos, el socialista Francois Hollande y el conservador Nicolas Sarkozy. En la guerra, la unión sagrada de la patria. Por eso suspende todas las reformas en curso, entre ellas la más emblemática y contestada, la de las pensiones.

El presidente adoptó también el tono paternal cuando sugirió a los franceses que aprovechen que deben quedarse en casa para leer y descubrir nuevas solidaridades con los vecinos.

Finalmente, habló el presidente de France SA. Medidas económicas. Garantía para préstamos bancarios a empresas, 300.000 millones. Aplazamiento de pago de impuestos, cotizaciones sociales. Para las pymes, se «suspenderán» el pago de alquileres, facturas de agua, electricidad y gas.

Ya dijo otro jefe de Estado francés, tan joven como él, que «para ganar una guerra hacen falta tres cosas, dinero, dinero y dinero». Napoleón, bien sur. Esperemos que su lejano sucesor tenga más éxito y su guerra sea menos cruenta.

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