¿Soy yo el fake o hay doble moral?


Leopoldo Bernabeu
Pastelear con los políticos es uno de los vicios más ruines de un periodista. Esta es la peor profesión del mundo para hacer amigos porque su primer fundamento es hacer emerger la verdad. Es una máxima que de mi padre a fuego se me grabó una vez le señalé a un político siendo yo un niño con el añadido de “por ahí pasa tu amigo”. A lo que él me respondió que no, que era sólo un conocido, sumando lo ya redactado, más una frase que jamás olvidé y sigo utilizando, “los amigos de verdad los cuento con los dedos de una mano y me sobran”.
El más claro ejemplo de lo que afirmo lo tenemos en Facebook, red social de moda en la que no tenemos reparos en darle al Me Gusta a la foto de la paella que tu amigo acaba de hacer, pero nunca cuando sobre algún tema político trata ese mismo perfil. ¿Vendrá de ahí lo de ponernos de perfil?. Vivimos con el miedo de ser señalados y así es imposible avanzar como sociedad libre. Tenemos que recuperar un diálogo, un entendimiento y sobre todo, una pluralidad que ya existían, pero que es ahora cuando a lo lejos descubrimos el rostro de la intolerancia de sátrapas revestidos con ropajes democráticos. La democracia, la libertad y la justicia se construyen y se trabajan cada día, aquellos que pretenden convencernos que se puede vivir de la subvención y del botellón eterno, tened por seguro que espurios fines persiguen, no nos quieren libres. De ejemplos está llena la historia, aunque para ello haya que estudiar. Sólo con ver la opuesta forma de actuar entre los ministerios de sanidad (que me da votos y lo quiero controlar yo) y educación (que es un marrón y se la cedo a las comunidades para que cada cual apruebe a quien le dé la gana) ya nos hacemos una idea de que interesa y que no a este Gobierno.
Me pregunto si seré yo el que está equivocado. En un mundo en el que la objetividad no existe, intento a través de mucha lectura y comparación, no alejarme en exceso de mi auto exigencia máxima a la hora de escribir. Lo último a lo que aspiro es a contribuir al caos y al desorden. Leo el ABC como leo El País, veo Antena 3 como veo La Sexta, escucho la Cope como escucho la Ser…e intento extraer conclusiones. Lucho por saber la verdad, pues sólo ella nos hace libres y me permite tener la suficiente seguridad como para dirigirme a vosotros. El poder de los medios es tan inmenso que por ejemplo han convertido en confinamiento lo que siempre ha sido una reclusión, sólo hay que comprobar el significado de ambas vocablos antes de repetirlos como loros.
Escribo estas líneas al conocer los datos de fallecidos del domingo 26, una cifra positiva si la comparamos con cualquiera de las últimas cinco semanas, pero se me vuelve a encoger el corazón cuando soy capaz de alegrarme de que bajemos de los 300 fallecidos, sin darme cuenta que me dejo llevar de nuevo por la hecatombe de un síndrome de Estocolmo mal entendido. Y mucho me temo que al Gobierno que ha convertido España en el mayor cementerio del planeta, terminaremos dándole las gracias por su magnanimidad de permitirnos sacar a los chiquillos de casa y anunciarnos, cual dios todo poderoso, que en una semanita nos dejará salir a correr un rato, sin darnos cuenta de que todo esto no es más que la ayuda que nos piden para poder enterrar en el olvido a los miles de muertos que no fueron capaces de evitar por su incapacidad y negligencia.
¿Soy yo el Fake?. Pues no lo sé, depende quien me lea. Lo que sé es que no necesito que nadie me desmienta que la televisión vasca se ríe de los más de mil muertos que han pasado por el Palacio de Hielo de Madrid al comparar sus honras fúnebres con la selección de hockey; que los ahora todopoderosos Iglesias y Echenique faltan el respeto al Consejo General del Poder Judicial por una sentencia contraria a sus intereses; que nadie en Europa confía ya en Pedro Sánchez cuando pide mutualizar la ayuda y perpetuar la deuda, porque el primer verbo ni siquiera existe y el segundo es como el que va al banco a solicitar un préstamo y le pide al director que se lo otorgue a fondo perdido. O que un periodista de TV3, canal autonómico al cual el inhabilitado Presidente Torra ha premiado con 253 millones de euros anuales, deseó la guillotina a la princesa Leonor y la Infanta Sofía; que un General de la Guardia Civil dijo, quiero pensar que por error, que era necesario controlar las críticas hacia el Gobierno, al mismo tiempo que el PSOE rechaza que se trate el tema de las libertades públicas en la próxima comisión parlamentaria, o que la frívola ministra de trabajo llama a mi comunidad País Valenciá y amenaza al sector turístico con apocalípticos datos acerca de su reapertura, subiendo el nivel de estrés a más de 3 millones de trabajadores y hace temblar con su locuacidad al principal sector productivo de la nación.
No hay mayor ciego que el que no quiere ver. No comulgo ni con unos ni con otros. Mi lucha es interna, contra mí mismo, un intento desesperado por ser lo más neutral posible. No tiene que ser nada fácil gestionar una situación así, tampoco nadie te obliga a entrar en política. Y si Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han sido capaces de dejar grabadas en la inalterable hemeroteca las decenas de cosas que en su día dijeron como oposición, han de ser capaces ahora de agachar un poquito la cabeza y aprender a pedir disculpas y ser humildes. Merkel ha pedido compasión, Macron directamente perdón… no he escuchado nada de esto a mis dirigentes, cuando España es el país con mayor cantidad de fallecidos por millón de habitantes de todo el mundo, el que ha generado mayor inseguridad en la gestión de compras del material para los hospitales y el que más contagiados tiene en el sector sanitario. A eso se le llama pésima gestión desde el minuto uno. No valen cuentos chinos, nunca mejor dicho.
No se puede estar tan preocupado por las críticas que se reciben a tu gestión, e intentar taponarlas poniendo cepos a la libertad de expresión, coartar la financiación a los medios de comunicación libres o cerrar el portal de transparencia, y por el contrario hacer oídos sordos a las infinitas barbaridades que desde el gobierno catalán se gritan hacía el conjunto del estado, pasando del “España nos roba al España nos mata” y aquí no pasa nada. No es momento para jugar a política. Todos sabemos cual ha sido siempre el máximo objetivo de nuestro Presidente, llegar al palacio de la Moncloa, pero todo tiene un límite, y ese ha llegado al estilo de plaga egipcia con la pandemia del coronavirus. Es mundial sí, pero no a todos ha afectado igual, ni mucho menos. Dense un repaso por el resto de países y sabrán de qué les hablo. Los españoles, incluidos los votantes del Psoe, no tenemos la culpa de que Sánchez sienta pánico a que le abandone la extrema izquierda, hasta el punto de convertirse en rehén de unos socios que le desprecian, que le tienen cogida la medida.
Con el enriquecimiento de la sociedad, ha ido disparándose el nivel de nuestras exigencias. La dinámica no podía durar siempre y las desgraciadas secuelas económicas de la pandemia nos devolverán brutalmente a la realidad. Hasta aquí todos lo deberíamos tener claro, es momento de dejar de jugar al truco o trato. Sabemos el alcance de la pandemia y los fallecidos que ha causado. ¿Tendremos con tanta certeza, precisión y seguimiento, el número de suicidios que se puedan producir por la debacle económica que se aproxima?.
Todo es relativo. Me preocupa por igual el que cada vez más jueces y catedráticos vean en el estado de alarma un verdadero estado de excepción y nadie alce la voz, como que se pidan trabajadores para el campo y tampoco nadie quiera ir. Es la España de la doble moral. Quizás toda esta situación no sea para tanto, nos quejemos más por vicio que por necesidad y le hayamos cogido el gusto a vivir de la subvención y la paguica. Se obliga a las farmacias a vender por debajo del coste de compra mientras al resto nos adormecen con el bálsamo de fierabrás. Esto es pura dictadura comunista. Cuando nos veamos como Cuba o Venezuela, nos quejaremos aunque ya será tarde.

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